1 de diciembre, 2015

Abogados y Auditores

¿Por qué a las firmas de auditoría les gusta hacer abogacía y no al contrario?

Parece claro que la auditoria y la abogacía no solo son actividades distintas, sino también incompatibles. Así lo declara el Estatuto General de la Abogacía Española, pero a continuación abre un portillo para que aquella incompatibilidad quede en agua de borrajas.

El auditor tiene la obligación de descubrir y el abogado de callar; el auditor realiza una función pública, es una garantía (debería ser) de la transparencia y seguridad del tráfico mercantil, en tanto que el abogado se debe sola y exclusivamente a su cliente, siendo esencial la relación de confianza entre ambos, y si este ultimo la pierde, se busca otro abogado.

¿Qué sucede cuando una compañía de auditoria tiene contratada la prestación de estos servicios durante un periodo de tiempo a una entidad a la que también presta, de aquella manera, servicios jurídicos, resulta que estos no son satisfactorios y desaparece la confianza? ¿Es libre para buscar otro abogado cuando aquella compañía la sigue auditando? Normalmente se aguantara mientras dure el contrato. Es lo que se llama un cliente cautivo.

Los abogados estamos acostumbrados a la competencia y nos sentimos cómodos en ese terreno. Y tanto nos gusta que, incluso, no nos importaría competir con los auditores en el ejercicio de la abogacía (siempre que no se perjudiquen otros valores como el secreto profesional), pero en una competencia sana y leal, sin clientes cautivos, es decir, con auditores que no auditen, directa o indirectamente, a quienes presten servicios jurídicos. Es la tesis de las dos listas de clientes, auditar a unos y asesorar a otros totalmente diferentes.

Y termino como empecé con una interrogación: ¿Por qué tampoco les gusta a los auditores la tesis de las dos listas?

Joaquín García-Romanillos.

www.aguayoabogados.es

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